Hay fechas que con el tiempo se vuelven rutina. El 5 de mayo no es una de ellas. No aquí. No en Puebla, donde esta fecha no se conmemora desde la distancia sino desde las entrañas, porque lo que pasó en estos cerros en 1862 no es historia ajena — es nuestra.
El 5 de mayo de 1862, en los Fuertes de Loreto y Guadalupe, México hizo algo que nadie esperaba. Un ejército de dos mil soldados y dos mil setecientos campesinos — gente común, gente de pueblo — derrotó a las fuerzas del Segundo Imperio Francés, consideradas entonces entre las más poderosas del mundo. Sin ventaja en armas. Sin ventaja en números. Con territorio, con convicción y con las ganas de no dejarse.
No romantizo la historia. La guerra con Francia no terminó ese día. Pero algo sí cambió: quedó demostrado que México podía. Que Puebla podía. Eso vale.
El general Ignacio Zaragoza, nacido en tierras que hoy son Texas y cuya historia quedó para siempre atada a la nuestra, dirigió esa batalla con una precisión que todavía estudian en academias militares. Pero los verdaderos protagonistas fueron los que no tienen estatua: los soldados anónimos, los campesinos que agarraron lo que tenían y subieron al cerro a defender algo que sentían suyo. Esa energía, esa terquedad digna, es la que heredamos las y los poblanos.
Y sí — heredamos. Porque ser de Puebla es cargar con eso. Con el mole, con el chile en nogada, con la catedral, con el Zócalo, con Loreto y Guadalupe. Con la historia que no es de un libro sino del lugar donde creciste, donde vive tu familia, donde están tus raíces.
Los migrantes poblanos que hoy están en Nueva York, Chicago o Los Ángeles lo saben mejor que nadie. Para ellos, el 5 de mayo no es una fiesta genérica de identidad latina — es su fecha, la de su estado, la de su gente. En un momento en que las comunidades migrantes enfrentan un ambiente hostil y políticas que cuestionan su presencia, celebrar el 5 de mayo es un acto de resistencia cultural. Un recordatorio de que el orgullo no necesita papeles.
Este año, la presidenta Claudia Sheinbaum estará en Puebla para encabezar el desfile del 164 aniversario de la Batalla. Su visita — la decimotercera a nuestra entidad — dice algo: Puebla no es periferia. Puebla es parte central de este momento del país. Y la agenda que trae la visita lo confirma: paneles solares fabricados aquí, proyectos de semiconductores, el auto eléctrico Olinia, desarrollo con migrantes poblanos como protagonistas. Un estado que honra su historia construyendo presente.
Eso es lo que me gusta de este 5 de mayo. No es nostalgia. Es un puente entre lo que fuimos y lo que estamos siendo. Entre los campesinos que subieron al cerro en 1862 y los jóvenes poblanos que hoy diseñan tecnología, que migran y triunfan, que estudian y exigen, que no se conforman con poco porque saben de dónde vienen.
Ser poblana es eso. Es saber que este estado tiene una deuda con su propia historia — y que vale la pena estar a la altura de ella.
Hoy celebramos. Mañana, a seguir trabajando.