México está haciendo historia a nivel deportivo, su buena participación en el Mundial de fútbol ha provocado la alegría y euforia de millones de mexicanos; sin embargo, son precisamente esas emociones las que pueden generar una tragedia si no se controlan.
Durante los festejos del pasado lunes, en la Ciudad de México, cientos de miles de personas salieron a celebrar el triunfo sobre Ecuador y el pase a octavos de final del certamen mundialista, en las principales avenidas y puntos de reunión; sin embargo, hay que reconocer que la fiesta tiene una mancha.
Cuatro personas perdieron la vida por asfixia mientras participaban en las festividades, un hecho que debía ser de alegría y satisfacción, terminó en llanto y tragedia para cuatro familias.
Hay que recordar que el 24 de junio se registró otro incidente, después de que en Baja California Sur un hombre arrolló a 17 personas, después de que los aficionados empezaron a empujar su coche. Tras haber atropellado a varias personas, el conductor fue detenido por los propios fanáticos, quienes lo golpearon, provocándole severas lesiones que le quitaron la vida está semana.
En Puebla, afortunadamente no se han registrado incidentes de ese tipo, pero no debemos esperar a que suceda una tragedia antes de tomar conciencia de las acciones.
La noche del martes, después del partido, acudí a la Avenida Juárez ¬–el punto de celebración por excelencia para los aficionados poblanos– y pude presenciar esa felicidad y algarabía que se extendió por todo el país.
Jóvenes, adultos, niños, niñas, personas de la tercera edad, todas se juntaron para celebrar y unir sus voces en un solo grito: ¡México, México!, a la par, las banderas nacionales ondeaban por todos lados.
Sin embargo; con el paso de las horas, el alcohol y otras sustancias comenzaron a apoderarse de la afición, las latas de cerveza comenzaron a volar de un lado a otro, personas intentaban subir por postes y semáforos e incluso se registró un pequeño conato de bronca ante la mirada de los policías.
Este tipo de acciones nunca son bien vistas, más si tomamos en cuenta que en este tipo de eventos siempre acuden familias con menores de edad y que no pueden ser expuestos a riesgos por emociones mal canalizadas.
La Selección Mexicana está cumpliendo en la cancha, pero como sociedad también debemos responder; sí, con apoyo, alegría y emoción pero también con un buen comportamiento