El dinero en manos de la gente: obra comunitaria y mujeres que transforman

Miroslava Mendoza

Hay una forma de gobernar que se mide diferente. No en kilómetros de asfalto ni en metros cuadrados de concreto — aunque eso también cuenta. Se mide en cuántas manos se fortalecen. En cuántas mujeres salen de una capacitación con una habilidad nueva, con una posibilidad concreta de generar ingreso, con la certeza de que el Estado las vio y decidió invertir en ellas.

Eso es lo que está haciendo el programa de obra comunitaria del gobernador Alejandro Armenta. Y en el Distrito 12, lo estamos viviendo de cerca.

El concepto es tan sencillo como poderoso: poner el dinero directamente en manos de la gente. No en intermediarios, no en grandes contratos que terminan beneficiando a los mismos de siempre. En las manos de las comunidades que saben mejor que nadie qué necesitan y que, cuando se les da la oportunidad y los recursos, demuestran una capacidad de organización y ejecución que ninguna empresa externa puede replicar. Eso es lo más humanista que puede hacer un gobierno: confiar en su gente.

Desde el Distrito 12, hemos sumado a ese espíritu con algo que nos llena de orgullo contar: en poco más de un mes, hemos capacitado a más de 300 mujeres en distintos oficios y habilidades. Uñas, pestañas, repostería en frío, y más cursos que seguimos sumando en función de lo que las propias mujeres del distrito nos piden. Trescientas mujeres en un mes. Cada una con una herramienta nueva. Cada una con una opción que antes no tenía o que no sabía que estaba a su alcance.

Eso no es un número menor. Es trescientas historias distintas que comparten un mismo punto de inflexión: el momento en que alguien decidió que su formación importaba.

Y ahora damos un paso más. En nuestra Casa de Gestión ya contamos con cursos fijos — un espacio permanente de capacitación donde las mujeres del Distrito 12 pueden seguir formándose, seguir aprendiendo, seguir construyendo opciones. No un evento de una sola vez, sino una oferta continua que crece con las necesidades de quienes la usan. Porque capacitar a una mujer no es un gesto. Es una política. Y las políticas que funcionan son las que se sostienen en el tiempo.

La independencia económica de las mujeres no se decreta. Se construye con acceso — a información, a formación, a recursos, a espacios donde puedan desarrollar sus habilidades sin tener que pedir permiso ni recorrer kilómetros para encontrar una oportunidad. Eso es exactamente lo que buscamos hacer desde esta representación: que el distrito sea un territorio donde las mujeres encuentren condiciones reales para salir adelante.

Y todo esto ocurre en el marco de una visión más amplia que el gobernador Armenta ha impulsado con claridad: que el desarrollo comunitario no puede ser un complemento del gobierno — tiene que ser su columna vertebral. Que los recursos públicos deben llegar directamente a quien los necesita, con transparencia, con acompañamiento y con la confianza de que las comunidades saben qué hacer con ellos cuando se les da la oportunidad de decidir.

En el Distrito 12 lo hemos visto funcionar. Lo hemos visto en las mujeres que terminan un curso y al día siguiente ya están pensando en cómo monetizar lo que aprendieron. En las que llegan solas la primera vez y regresan con una vecina, con una hermana, con una comadre que también quiere capacitarse. En las que nos dicen qué falta, qué quieren aprender, qué necesitan para dar el siguiente paso.

Esas mujeres son el programa. Nosotros solo abrimos la puerta.

Seguiremos haciéndolo. Porque invertir en las mujeres del distrito no es un gasto — es la mejor obra comunitaria que podemos hacer.

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