El alza en la urea y las afectaciones en las rutas comerciales aceleran proyectos de producción; Topolobampo, Sinaloa, figura entre los puntos estratégicos para fortalecer el suministro nacional.
Los conflictos internacionales, el encarecimiento de la energía y las interrupciones en las rutas comerciales han colocado nuevamente a los fertilizantes en el centro de las estrategias de seguridad alimentaria.
Países como Estados Unidos, India y los integrantes de la Unión Europea han comenzado a fortalecer su capacidad productiva y a implementar apoyos para disminuir su dependencia del mercado internacional. México también busca recuperar parte de su producción mediante proyectos en Veracruz y Sinaloa.
El objetivo es reducir el impacto que una crisis externa puede provocar en los costos de los agricultores, particularmente entre quienes producen maíz, trigo y arroz, cultivos que requieren cantidades importantes de nutrientes.
Urea alcanza su precio más alto desde 2022
De acuerdo con el Banco Mundial, la urea superó los 850 dólares por tonelada métrica durante abril de 2026, lo que representó un incremento de 80 por ciento frente al precio registrado en febrero y su nivel más elevado desde abril de 2022.
El organismo relacionó este aumento con las interrupciones en las exportaciones derivadas del conflicto en Medio Oriente y las afectaciones en el estrecho de Ormuz, ruta por la que circula aproximadamente una cuarta parte de las exportaciones mundiales de urea.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial del Comercio (OMC) han advertido que, cuando los fertilizantes se encarecen más rápido que los productos agrícolas, disminuyen los márgenes de los productores y se complica la adquisición de estos insumos.
En el mediano plazo, esta situación puede modificar las decisiones de siembra, reducir los rendimientos y generar presiones sobre la disponibilidad y los precios de los alimentos.
¿Por qué el gas natural influye en el precio de los fertilizantes?
La industria de los fertilizantes nitrogenados se encuentra estrechamente vinculada con el mercado energético. El gas natural funciona como materia prima y fuente de energía para producir amoniaco, del cual se obtiene la urea empleada ampliamente en la agricultura.
Por esa razón, cualquier incremento en el precio del gas o una interrupción en su suministro puede trasladarse rápidamente a los costos de producción de fertilizantes.
Esta vulnerabilidad quedó expuesta durante el conflicto entre Rusia y Ucrania, cuando los precios internacionales alcanzaron niveles históricos en 2022. Aunque posteriormente descendieron, la capacidad de compra de los productores de maíz y trigo no recuperó por completo sus niveles anteriores.
Una revisión científica publicada en la revista Agriculture atribuye a la fertilización una parte considerable del crecimiento registrado en los rendimientos agrícolas durante el siglo XX. El estudio estima que, sin fertilizantes nitrogenados, el rendimiento promedio del maíz podría disminuir alrededor de 40 por ciento.
Estados Unidos, India y Europa fortalecen su producción
La respuesta de algunos gobiernos ha sido impulsar inversiones y políticas dirigidas a producir más fertilizantes dentro de sus propios territorios.
En Estados Unidos, las empresas CF Industries, JERA y Mitsui colocaron el 26 de agosto de 2026 la primera piedra de Blue Point One, una planta de amoniaco de bajas emisiones que será construida en Luisiana.
El proyecto contempla una inversión directa de 3 mil 700 millones de dólares, una capacidad promedio de 1.4 millones de toneladas anuales y el inicio de operaciones durante 2029. Su producción estará destinada tanto al sector agrícola como a mercados energéticos emergentes.
India, por su parte, aprobó el 15 de julio la Política Nacional de Inversión para Urea (NIPU-2026). El esquema ofrece incentivos para instalar unidades de producción basadas en gas natural y establece un rango de retorno sobre capital de entre 12 y 16 por ciento.
La Unión Europea presentó en mayo un plan para facilitar el acceso de los agricultores a fertilizantes y financiamiento. También considera mecanismos de alerta temprana, monitoreo del mercado, evaluación de reservas estratégicas y el impulso de productos orgánicos y de base biológica.
México compra más fertilizantes de los que vende
México mantiene un déficit estructural en este mercado. Datos de la Secretaría de Economía indican que durante 2024 las importaciones de productos clasificados como fertilizantes alcanzaron los 2 mil 330 millones de dólares, mientras las exportaciones sumaron aproximadamente 346 millones.
Esta diferencia refleja la dependencia del país respecto del suministro extranjero y su exposición a variaciones en los precios internacionales, conflictos geopolíticos y problemas logísticos.
Ante este escenario, se han reactivado proyectos dirigidos a recuperar la producción nacional, aunque se encuentran en diferentes etapas de desarrollo.
En Escolín, Veracruz, se contempla una planta integrada para producir amoniaco, urea granulada y otros derivados. Documentación atribuida a Petróleos Mexicanos (PEMEX) establece una inversión de mil 553 millones de dólares y una capacidad nominal de 2 mil 125 toneladas diarias de urea, equivalente a más de 700 mil toneladas al año.
Topolobampo entra en el mapa de la industria de fertilizantes
En Topolobampo, Sinaloa, la empresa Proman GPO desarrolla una planta con capacidad proyectada para producir 800 mil toneladas métricas de amoniaco anuales, equivalentes a aproximadamente 2 mil 220 toneladas por día.
La inversión reportada para la primera etapa asciende a mil 800 millones de dólares. El proyecto busca abastecer un insumo fundamental para la fabricación de fertilizantes nitrogenados.
La ubicación ofrece ventajas por su cercanía con una de las regiones agrícolas más importantes de México y por la conectividad marítima, carretera y ferroviaria disponible en el norte de Sinaloa.
Una mayor producción nacional de amoniaco podría fortalecer el primer eslabón de la cadena industrial; sin embargo, su impacto dependerá de que la oferta llegue efectivamente al sector agrícola y se traduzca en mejores condiciones de acceso para los productores.
Producción nacional no es la única respuesta
La FAO ha señalado que aumentar la oferta de fertilizantes debe acompañarse de un uso más eficiente. Entre las medidas recomendadas se encuentran mejorar los análisis de suelo, reducir desperdicios y aplicar esquemas de nutrición equilibrada para los cultivos.
Para México, el reto será convertir las nuevas instalaciones en una estrategia de largo plazo. Esto implica garantizar el cumplimiento de las obligaciones ambientales, regulatorias y sociales, además de informar con transparencia sobre las capacidades y los calendarios de cada proyecto.
Las crisis recientes mostraron que depender de las importaciones puede funcionar mientras los mercados mantienen condiciones estables. Cuando se interrumpen las rutas comerciales o aumentan los precios energéticos, la disponibilidad de fertilizantes se convierte en una pieza decisiva para sostener la producción de alimentos.
INFORMACIÓN: EL HERALDO DE MÉXICO