Brasil votó, América Latina escucha

Miroslava Mendoza

Esta noche, Brasil decidió. Luiz Inácio Lula da Silva se impuso en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales con el 51.79 por ciento de los sufragios, frente al 48.21 por ciento de Flávio Bolsonaro. Una remontada histórica que le permitirá convertirse en el primer presidente del país en acceder a un cuarto mandato.

Lo que ocurrió en Brasil esta noche no es solo una noticia de política exterior. Es una señal que toda la izquierda latinoamericana tiene la obligación de leer con atención.

Lula había perdido la primera vuelta ante el hijo de Bolsonaro. Las encuestas lo colocaban atrás. La ultraderecha apostó todo a que la marea les favorecía. Y sin embargo, cuando llegó el momento, la gente salió a defender sus conquistas — como dijo el propio Lula al ir a votar. Salió a defender lo que se había construido. A decir que los avances no se devuelven, que los derechos no se negocian, que el miedo no puede más que la convicción.

Esa es la lección que viaja desde Brasil hasta México esta noche.

El presidente reelecto afirmó que su victoria es una derrota de la mentira y del negacionismo. Esa frase merece leerse despacio. Porque la mentira y el negacionismo no son fenómenos exclusivamente brasileños. Están aquí también, en nuestras redes, en nuestros medios, en las campañas de desinformación que buscan erosionar lo que se ha construido. La diferencia entre Brasil y otros contextos donde la derecha logró avanzar está en una sola cosa: la izquierda cerró filas, informó a la gente y no le regaló el terreno a quienes apostaban por su fractura.

Eso es exactamente lo que México necesita hacer ahora.

El Partido del Trabajo tiene una convicción que no data de hoy. Viene de décadas de construcción desde abajo, de acompañar luchas que no siempre tuvieron reflector, de mantenerse firme cuando la presión era para ceder. Esa convicción es la que nos une con Lula y con su PT en Brasil — no solo ideológicamente sino en el método: la política se hace con la gente, desde el territorio, con las manos en la masa.

En Puebla, esa convicción tiene nombre y tiene obra. El gobernador Alejandro Armenta ha demostrado que gobernar con identidad de izquierda significa resultados concretos en las comunidades que más lo necesitan. El presidente municipal Pepe Chedraui ha sumado desde la capital con la misma dirección. Juntos, con la presidenta Claudia Sheinbaum como referente nacional, conforman el ejemplo más claro de lo que significa una izquierda que no solo gana elecciones sino que gobierna en consecuencia.

La Cuarta Transformación tiene resultados. Los tiene en el salario mínimo, en las pensiones, en los hospitales, en las obras que llegaron donde nunca habían llegado, en los 13 millones de personas que salieron de la pobreza. Pero los resultados no se defienden solos. Se defienden contando la historia, llegando al territorio, conversando con la vecina que escuchó una cosa en la tele y necesita que alguien le explique qué es real y qué es ruido.

Esa es nuestra tarea. La de cada legisladora, cada estructura territorial, cada militante que tiene acceso a una conversación que las encuestas no alcanzan. Informar. Estar presentes. No dar por sentado que porque las cosas van bien, la gente ya lo sabe.

Brasil nos recuerda que las victorias progresistas no son automáticas. Se construyen con trabajo, con unidad y con la disciplina de no fragmentarse cuando el adversario apuesta precisamente a eso. Lula remontó no con magia — con organización, con base y con la certeza de que la gente, cuando está bien informada, elige bien.

Desde esta representación, desde el PT, celebramos la victoria de Lula como compañero de lucha de América Latina. Y la celebramos no como espectadoras sino como parte de un mismo movimiento que tiene retos similares y que aprende de cada batalla en el continente.

Seguimos caminando. Seguimos informando. Seguimos juntos

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