La captura de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, representa uno de los golpes más contundentes al crimen organizado en los últimos años. No se trata únicamente de la detención de un líder criminal; se trata de un mensaje firme del Estado mexicano: nadie está por encima de la ley.
Durante mucho tiempo se instaló la narrativa de que ciertos personajes eran intocables, fantasmas imposibles de alcanzar, símbolos de una impunidad estructural que parecía eterna. Esa percepción hoy se fractura. Porque cuando el Estado actúa con inteligencia, coordinación y determinación, los resultados llegan.
Este operativo no es producto de la casualidad. Es resultado del trabajo conjunto de las Fuerzas Armadas, de la estrategia de seguridad y de una directriz clara desde el Gobierno Federal. El liderazgo del general Treviño al frente de la Secretaría de la Defensa Nacional, la labor operativa de Omar García Harfuch desde la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, y la conducción política de la presidenta Claudia Sheinbaum envían una señal inequívoca: el combate a la delincuencia organizada no es discurso, es acción.
Pero detrás de cada operativo exitoso hay algo que pocas veces se reconoce con la profundidad que merece: cada uniforme representa a una mujer o a un hombre que tiene familia, que tiene hijos, padres, sueños. Personas que salen de casa sin la certeza absoluta de regresar, pero con la convicción de proteger a millones de mexicanas y mexicanos. Ese compromiso merece respeto y respaldo.
Ahora bien, también es momento de ser responsables. En contextos como este debemos ser extremadamente cuidadosos con la información que circula. Las especulaciones, rumores o versiones no confirmadas solo alimentan el miedo. Y peor aún, hay quienes con dolo lucran con la desinformación para generar caos, sembrar incertidumbre o sacar ventaja política del momento.
La seguridad nacional no puede convertirse en terreno para la mentira. Informar con responsabilidad es también una forma de contribuir a la estabilidad del país. Señalar a quienes manipulan datos o difunden noticias falsas no es censura: es defender el derecho de la ciudadanía a estar bien informada.
La captura de un líder criminal no resuelve por sí sola un problema estructural. Nadie debería simplificarlo así. El fenómeno del crimen organizado tiene raíces complejas que requieren políticas integrales. Pero sí marca un parteaguas en la percepción de autoridad del Estado. Sí demuestra que existe coordinación real entre inteligencia, estrategia y operación. Sí confirma que la impunidad no es destino inevitable.
México ha cargado durante años con la herencia de omisiones y complicidades que permitieron el fortalecimiento de estructuras criminales. Hoy el mensaje es distinto: hay estrategia, hay coordinación y hay voluntad política para enfrentar el desafío.
No hay triunfalismo. Hay firmeza.
No hay improvisación. Hay responsabilidad.
Y, sobre todo, hay un mensaje claro: en México no hay espacio para la impunidad ni para quienes intentan sembrar miedo a través de la mentira.
La paz no se decreta, se construye. Y este es un paso más en ese camino.