Ojo con la lectura política que se está haciendo del proyecto de 4 mil millones de pesos para transformar la zona de San Francisco, El Alto y Analco. Claudia Sheinbaum Pardo no lo rechazó. No dijo que debía cancelarse. No pidió detenerlo. Lo que planteó fue que debe cumplir con la normatividad, contar con los permisos correspondientes y, sobre todo, socializarse con los vecinos.
Y esa diferencia importa.
Desde que el proyecto fue presentado comenzaron las resistencias. Hubo voces que de inmediato cuestionaron la intervención por tratarse de una zona ubicada dentro del Centro Histórico de Puebla, reconocido como Patrimonio Cultural de la Humanidad. La discusión era previsible. Una inversión de esta dimensión, en una zona de enorme valor histórico, necesariamente genera debate. Pero de ahí a afirmar que la presidenta frenó el proyecto hay una distancia enorme.
Sheinbaum fue cuidadosa. Dijo que no conocía a detalle la propuesta, pero recordó que “cualquier proyecto de restauración urbana tiene que cumplir con la norma de desarrollo urbano, ambiental y del sitio patrimonial”. También pidió que se informe a la ciudadanía y que el proyecto sea explicado a los vecinos.
Nada distinto a lo que ya había reconocido Carlos Slim desde Puebla.
Durante la presentación, el empresario dejó claro que cualquier intervención tendría que pasar por el Instituto Nacional de Antropología e Historia y cumplir con las normas correspondientes. “Sabemos perfectamente bien que todo esto tiene que pasar por el INAH, porque son los permisos prioritarios que tienen que dar”, dijo. Es decir, desde el principio se sabía que el proyecto no podía caminar sin el aval de las autoridades federales.
Entonces, ¿dónde está realmente el conflicto?
En la política.
Porque el anuncio de una inversión de 4 mil millones de pesos no llegó en cualquier momento. Llegó cuando Pepe Chedraui ha dejado ver su intención de participar en el próximo proceso interno de Morena. La convocatoria se acerca y el alcalde ha manifestado su interés por competir. Si participa y logra imponerse en la encuesta interna, buscaría mantenerse al frente del Ayuntamiento en 2027.
Y ahí cambia por completo la dimensión del proyecto.
Porque una inversión de este tamaño, anunciada por Carlos Slim y vinculada directamente con la gestión del presidente municipal, inevitablemente entra al terreno político. No sólo porque significa obra, inversión y transformación urbana, sino porque también fortalece una narrativa de gestión en momentos en que comienzan a acomodarse las piezas rumbo al próximo proceso electoral.
El propio Slim se encargó de reconocer públicamente el papel de Chedraui. “Nos es muy grato la propuesta y la promoción y el empuje del señor alcalde de la ciudad para buscar que en algunas áreas y en general se tenga un fuerte impulso al Centro Histórico”, señaló.
No fue una frase menor.
El empresario colocó directamente al alcalde como promotor del proyecto. Y en política, particularmente cuando se acercan definiciones electorales, ese tipo de reconocimientos pesan.
Por eso la discusión ya dejó de ser únicamente sobre urbanismo, patrimonio, vivienda o desarrollo económico. El proyecto entró de lleno a la arena política. Para unos representa una oportunidad de recuperación urbana y de inversión; para otros se ha convertido en un flanco para cuestionar al gobierno municipal precisamente cuando Chedraui comienza a perfilar sus siguientes pasos.
El proyecto contempla vivienda, educación y entretenimiento, y se ha planteado concluirlo en aproximadamente dos años. Su presentación tampoco fue improvisada. Una inversión de 4 mil millones de pesos no se anuncia públicamente para después desaparecer. Hay una intención empresarial, existe una gestión municipal y, como ya se reconoció desde el principio, faltan permisos y procedimientos por cumplir.
Ahora se suma otro elemento: socializarlo.
Habrá que explicar qué se pretende hacer, qué zonas serán intervenidas, qué impacto tendrá para los vecinos y bajo qué condiciones se preservará el patrimonio histórico. Eso tendrá que hacerse con claridad porque se trata de una zona especialmente sensible para Puebla.
Pero una cosa debe quedar clara: Claudia Sheinbaum no cerró la puerta.
Pidió reglas, permisos e información para los ciudadanos.
El proyecto sigue sobre la mesa.
Y mientras se discuten los permisos, la verdadera batalla ya comenzó en otro terreno: el político.
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