El primer WBC Grand Prix llegó a su fin en Arabia Saudita con una postal que resume el espíritu del torneo: sacrificio, resiliencia y oportunidad. Tras un proceso que inició con más de mil 200 aspirantes, solo 128 boxeadores fueron seleccionados para competir en un formato de eliminación directa que se extendió a lo largo de cinco fechas y 128 peleas.
Al final del camino, cuatro nombres quedaron grabados como campeones de esta edición inaugural:
- El mexicano Brandon Mejía
- El colombiano Carlos Utría
- El argentino Kevin Ramírez
- El australiano Dylan Biggs
El combate más duro de su carrera
La historia que más resonó fue la de Brandon “El Perro” Mejía. Originario de Nicolás Romero y repartidor de comida por aplicación, el mexicano se coronó campeón de la división pluma al imponerse por decisión unánime al italiano Muhamet Qamili, en lo que él mismo calificó como el combate más duro de su carrera.
Durante ocho rounds, Mejía tuvo que imponerse no solo a la presión y al estilo incómodo de su rival, sino también al desgaste físico y mental que exige un torneo de estas características. Las tarjetas —76-75, 76-75, 78-73, 78-73 y 77-74— reflejaron una pelea cerrada, pero con mayor claridad en los rounds decisivos.
Mejía llegó a la final luego de sumar dos triunfos por nocaut y tres por decisión, demostrando constancia y capacidad de adaptación.
Con esta victoria mejoró su marca a 13-0, con 10 nocauts, se llevó un premio económico de 10 mil dólares y aseguró su ingreso al Top 10 del ranking del WBC, un paso clave rumbo a una eventual oportunidad mundialista.
Tras el combate, agradeció a Mauricio Sulaimán y al Consejo Mundial de Boxeo por una vitrina que, en condiciones normales, no hubiera tenido.
Una plataforma para nuevas generaciones
El recorrido latino continuó en los pesos completos con el argentino Kevin Ramírez, quien protagonizó una auténtica historia de Cenicienta. Barrendero de profesión y peleador natural de peso crucero, decidió aceptar el reto de competir en una división superior.
Contra todo pronóstico, se impuso por decisión unánime al bosnio Ahmed Krnjic. Ramírez reconoció el apoyo recibido, incluso de la unión de camioneros argentinos, que lo ayudó a cumplir el sueño de viajar y competir.
En la división superligero, el colombiano Carlos Utría firmó la victoria más importante de su carrera al derrotar por decisión unánime al uzbeko Mujubillo Tursunov. Originario del pequeño poblado de Soplaviento, Colombia, Utría no pudo contener las lágrimas tras el triunfo, consciente de que esta oportunidad le cambió la vida.
El cuadro de campeones lo completó el australiano Dylan Biggs, quien venció a Derek Pomerleau por decisión unánime con tarjetas de 79-72, 79-72, 79-72, 78-73 y 78-73, rompiendo en llanto al escuchar el fallo.
Más allá de los títulos, el WBC Grand Prix funcionó como una plataforma para nuevas generaciones y como un laboratorio para el organismo.
Durante el torneo se implementaron innovaciones como la eliminación del empate mediante un nuevo sistema de puntuación, el uso de cinco jueces, el aviso de 30 segundos antes del final de cada round y la repetición instantánea. Elementos que ahora el Consejo Mundial de Boxeo analiza incorporar en sus peleas regulares, consolidando a este Grand Prix como algo más que un torneo: una apuesta por el futuro del boxeo.
INFORMACIÓN: EL HERALDO DE MÉXICO