Niche conquistó México al ritmo de salsa

Miroslava Mendoza

México sí sabe querer. Si el Grupo Niche lo pusiera en duda con aquel “tú no sabes querer” de “Sin sentimiento”, bastaría mostrarle lo que ocurrió la noche del sábado en la Alhóndiga de Granaditas. Miles de personas cantaban sus canciones como se canta algo que nos pertenece, con la certeza de quien conoce cada pausa, cada coro y cada golpe de los metales. Pero no era una respuesta nueva,  México lleva décadas diciéndole que sí, abrazándolo, adoptándolo como propio y haciendo de sus canciones parte de su historia.

La orquesta colombiana, fundada por Jairo Varela en 1979, encontró aquí una segunda casa. En los noventa, sus éxitos conquistaron la radio mexicana y se colaron en las fiestas, los autobuses, el auto familiar y las reuniones donde alguien acababa por levantarse a bailar. “Nosotros jugamos de local allá”, dijo alguna vez Varela, quien incluso le dedicó “México, México” al país y que esta noche sonó fuer. Y es que basta pensar en camiones como ‘Una aventura” para comprender hasta qué punto esa música quedó tatuada en la memoria emocional y colectiva, porque quien no ha tenido una y ha pensado que podría ser más bonita.

“Buenaventura y Caney” abrió la noche y nadie pudo permanecer quieto. “Cali pachanguero” hizo volver aquella alegría desbordada de las fiestas de otros años y “México, México” sonó como una declaración de afecto correspondido. Los cantantes pedían agitar los brazos y la multitud obedecía. Había quienes bailaban desde su sitio, quienes meneaban los hombros y la cadera sin dar un paso, quienes invitaban a su acompañante o encontraban pareja entre la gente.

Los pies seguían la percusión y las manos marcaban el ritmo. “Hagamos lo que diga el corazón” parecía una invitación imposible de rechazar. Con “Nuestro sueño” se levantaban las voces y hasta “Sin sentimiento” se convertía en una prueba más de afecto. Los primeros acordes bastaban para desatar otro coro. Los mayores recuperaban un pedazo de juventud; los jóvenes descubrían la seducción de una salsa que no concede tregua al cuerpo.

También se cantó “Gotas de lluvia”, y más adelante “Busca por dentro, amor”, mientras “La canoa ranchá” se sumaba a ese recorrido por una vida entera de recuerdos. Hacia donde uno mirara había alguien cantando, bailando, dejando que la espalda se agitara y la cintura fuera de un lado a otro. A ratos parecía que la música ya no salía del escenario, sino del coro monumental que ocupaba la Alhóndiga.

Crédito: Alida Piñón, EHM

Durante un rato no hizo falta nada más que bailar y reconocerse en la alegría de los otros. En la fría noche de Guanajuato, la penúltima de la edición 54 del Festival Internacional Cervantino, Niche puso el calor. El concierto tuvo algo de clausura adelantada, una despedida antes de tiempo, hecha de voces, cintura y gozo. Y mientras la Alhóndiga seguía cantando, quedaba claro que esta historia de amor entre la orquesta y México no pertenece solamente al pasado.

INFORMACIÓN: EL HERALDO DE MÉXICO

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