Todavía faltan los tiempos oficiales para arrancar la carrera electoral de 2027, pero en Puebla algunos ya salieron a competir desde mucho antes. No en debates, no con propuestas y mucho menos con resultados, sino en bardas pintadas que aparecen por toda la ciudad y el interior del estado, promoviendo a personajes que buscan abrirse paso y asegurar algún espacio dentro de los diferentes partidos políticos que estarán en la contienda rumbo al 2027.
Lo que antes se libraba en espectaculares, lonas y anuncios de alto costo, hoy se trasladó a bardas de colonias, juntas auxiliares, inspectorías y comunidades del interior del estado.
Porque en política aplica el viejo refrán: santo que no es visto, no es adorado. Y eso lo entienden perfectamente quienes hoy mandan pintar bardas con frases ambiguas, mensajes “ciudadanos”, entrevistas disfrazadas de promoción o hasta declaraciones románticas que casualmente incluyen nombre y apellido del aspirante.
No importa que los tiempos legales todavía no lleguen. Lo importante es aparecer, posicionarse y no quedarse fuera de la conversación pública. El objetivo no siempre es ganar; muchas veces es negociar. Pedir más para después conformarse con menos: una candidatura menor, una plurinominal, una secretaría, una dirección o simplemente seguir en la nómina política.
Lo preocupante es que esta práctica no se queda en la capital. El interior del estado vive el mismo fenómeno. De pronto, personajes que jamás se habían parado en una ranchería, inspectoría o junta auxiliar, hoy se muestran cercanos al pueblo. Recorren calles polvosas, saludan comerciantes, abrazan niños, prometen regresar y se toman la foto obligada.
Pero la memoria ciudadana también existe. Sabemos que muchos de esos rostros desaparecerán pasando la elección. No volverán a preguntar por el drenaje, la inseguridad, el abandono del campo o la falta de servicios. Regresarán únicamente cuando otra vez necesiten el voto.
Mientras tanto, Puebla amanece cada semana con nuevas bardas. Algunas pintadas de madrugada, otras tapando las del rival, otras más disfrazadas de apoyo espontáneo. Cambian los colores, cambian los nombres, pero no cambia la estrategia.
La verdadera pregunta no es quién pinta más bardas, sino quién realmente piensa gobernar y servir. Porque una pared pintada dura meses… pero el abandono ciudadano dura años.
Y la pregunta más importante es:
¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?
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