En el 495 aniversario de la fundación de Puebla, Santa María Xonacatepec fue escenario de algo más que una conmemoración: fue punto de encuentro entre historia, comunidad y trayectorias que se han construido paso a paso. Ahí estuvo Raymundo Atanacio Luna, no solo como figura pública, sino como alguien que conoce bien lo que significa abrirse camino desde abajo.
Pero esta vez hubo un ingrediente adicional: su presencia también marcó el arranque de una nueva etapa. Raymundo Atanacio se suma a la contienda en la búsqueda de la alcaldía capitalina, y lo hizo arropado por miles de personas provenientes de juntas auxiliares, colonias e inspectorías, quienes se dieron cita en la celebración y le expresaron, de forma abierta, su respaldo y cariño.
Porque antes de los cargos y los reflectores, hay una historia de esfuerzo.
La de un niño que cuidaba ganado, que trabajó en una carnicería, que lavó autos y manejó una combi para salir adelante. La de alguien que llegó a Puebla siendo muy joven, con más sueños que certezas, pero con una convicción firme: salir adelante a base de trabajo. Esa experiencia no se borra, se queda y marca la forma en la que hoy entiende el servicio público.
Con más de 30 años de trayectoria, Atanacio ha pasado por distintos espacios: fue presidente municipal de Soltepec, diputado local y federal, delegado en áreas sociales y hoy rector de la Universidad Politécnica Metropolitana de Puebla. Pero más allá del currículum, lo que destaca es una constante: su cercanía con la gente.
Él mismo lo dice sin rodeos: servir es lo que más le gusta. Y no es una frase hecha. Hay algo en su forma de hablar que remite a sus orígenes, a esa idea de que el trabajo en equipo y la lealtad siguen siendo valores que importan. Se define como una persona honesta, participativa, alguien que sabe que nadie llega solo.
En su etapa más reciente, ha asumido retos complejos, como la coordinación del Plan Hídrico en Puebla, enfocado en el rescate del Río Atoyac. Un problema que lleva años, incluso décadas, y que no se resuelve de la noche a la mañana. Ahí, su papel ha sido articular esfuerzos entre gobierno federal, estatal y municipal, apostando a que las soluciones duraderas se construyen en conjunto.
También, desde la rectoría, ha buscado acercar la educación a la realidad de los jóvenes, entendiendo que estudiar no siempre es fácil cuando hay necesidades en casa. Quizá por eso insiste tanto en generar oportunidades reales, no solo discursos.
En lo personal, no pierde de vista lo importante: su familia. Habla de sus hijos con orgullo y reconoce en ellos su mayor motor. Y cuando se le pregunta por algo tan simple como su comida favorita, responde con cariño por la gastronomía poblana, como quien disfruta los pequeños detalles de la vida.
Su historia también está ligada a un proyecto político más amplio. Se identifica con la Cuarta Transformación, reconoce el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum y mantiene una relación cercana con el gobernador Alejandro Armenta. Pero más allá de eso, su narrativa sigue anclada en algo más sencillo y más poderoso: el trabajo diario.
En una ciudad que cumple casi cinco siglos de historia, perfiles como el de Raymundo Atanacio recuerdan que Puebla también se construye desde lo cotidiano, desde quienes caminan sus calles, trabajan sus campos y no olvidan de dónde vienen.
Ahora, con la mirada puesta en la capital, su historia entra en una nueva etapa. Y será la ciudadanía la que, como siempre, tenga la última palabra.
Y la pregunta más importante es:
¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?
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